Cambia tu Vida

Eres lo que piensas y te dices a ti mismo frecuentemente

Eres lo que piensas y te dices frecuentemente; reflexión

Podrías creerlo o no, pero de verdad es así; somos lo que pensamos y lo que nos decimos a nosotros mismos frecuentemente.

Ahora dime: ¿Cuidas la manera en cómo te hablas? ¿Qué frases, afirmaciones o palabras usas cuando te refieres a ti mismo acerca de lo que eres y haces?  ¿Cuál es el concepto y la autoimagen que has adoptado?

Podrías ser escéptico respecto a este tema o incluso ni siquiera conocer la relevancia y el impacto que tiene en tu futuro, pero es algo que debes tomar muy seriamente, ya que la manera en cómo te hablas y piensas define lo que crees que eres y aquello que sientes que puedes, o no, lograr en la vida.

En algún momento pensaste, creíste y sentiste que era capaz o no, de hacer algo. Buscaste indicios para convencerte a ti mismo de que aquello que pensaste sobre ti era cierto. Entonces, si te equivocaste y fallaste; generaste la creencia de que eso no era para ti o era algo imposible. Entonces lo dejaste ahí… ya no lo intentaste.

Sin embargo, al hacerlo creaste un destino, que es justamente el que estás viviendo ahora mismo. Es un presente que pudo ser muy diferente si tan solo hubieras conocido la importancia de lo que viene a continuación.

Nadie nace sabiendo hacer bien las cosas

Aún recuerdo cuando estaba en la escuela y creía que era malo para las matemáticas y la física. Cuando hacia ejercicios y trataba de resolver problemas, siempre me equivocaba y no comprendía los conceptos.

Por alguna razón esas materias se me complicaban bastante. a tal grado de llegar a creer que no eran para mí. Era como si no estuviera hecho para ellas e incluso llegue a creer que el talento solo pertenecía a algunos pocos superdotados con grandes capacidades lógicas y abstractas.

Sin embargo, practique a practique… era tan grande mi miedo a reprobar y mantener mis buenas calificaciones, que un par de semanas fueron suficientes para darle la vuelta a la situación.

Sin pretenderlo llegue a un punto en dónde comencé a tener buenos resultados. De hecho comencé a tener notas sobresalientes con respecto a la mayoría de mis compañeros.

Fue en ese entonces cuando aprendí una gran lección de vida que me gustaría contarte ahora mismo. Y es que no puedes ser bueno en algo cuando nos has practicado lo suficiente. Lo único que te hace falta para lograr la maestría en aquello que te interesa, son más intentos, errores y aprendizajes.   

La confianza llega gracias a las victorias que vas acumulando. Y esas victorias no pueden ser posibles si no prácticas para ser lo suficientemente habilidoso, a tal grado de convertir aquella actividad en algo tan natural como lo es comer o respirar. En ese punto vas tener victorias, vas generar confianza y vas a creer en ti mismo. Pero todo eso solo llegará hasta aquel momento donde hayas realizado las repeticiones suficientes que te otorguen la habilidad mínima necesaria.

Entonces aquí viene la pregunta dura y difícil…

¿Y si no practicaste lo suficiente?

Somos los que pensamos y nos decimos a nosotros mismos frecuentemente. Todas esas ideas y pensamientos son generadas en base a lo que creemos, y cada una de esas creencias surgieron a partir de un evento que nos hizo pensar de esa manera. Sin embargo, la mayoría de veces lo que creemos de nosotros no es real.

Si no practicaste en su momento lo suficiente, puedes creer ahora mismo que no eres bueno para cierta actividad, y ahora tienes una creencia errónea que has arrastrado a lo largo de los años.

Posiblemente ahora crees que bailar no es para ti o no se te da bien, o piensas que no eres bueno para las matemáticas, para la actuación, el canto o los deportes. Pero… ¿Y si estás equivocado?

Posiblemente tú potencial real podría estar muy por encima de lo que estás expresando ahora mismo, solo que en su momento no perseveraste lo suficiente para hacerte bueno en eso.

Es como si tus verdaderas capacidades estuvieran dormidas debido a que te diste por vencido mucho antes de convertir la práctica y la repetición, en la habilidad mínima para conseguir tus primeras victorias.

Sin esas victorias, no obtuviste la confianza necesaria que te ayudaría a seguir practicando y mejorando hasta llegar a la maestría en esa área.

Lo que te dices a ti mismo se convierte en creencia y convicción

Ahora como resultado crees que no puedes, porque en algún momento te lo dijiste a ti mismo y adoptaste esa falsa creencia que con el tiempo se convirtió en una de tus convicciones.

Sin embargo, lo único que tal vez necesitabas era más práctica. Necesitabas perseverar y tener disciplina para obtener la una habilidad mínima, la cual no permitiste que llegará o que surgiera en ti, porque claudicaste antes de tiempo. Te dijiste a ti mismo que eso no era para ti y creíste no eras bueno para eso. Te convenciste de ello hasta descartarlo y jamás volverlo a intentar. Pero te pregunto nuevamente ¿Y si no practicaste lo suficiente?

Date cuenta que hoy en día tienes arraigadas en lo más profundo de tu subconsciente, creencias sobre lo que eres y puedes lograr. Muchas de ellas te están impidiendo expresar el potencial que realmente tienes.

Posiblemente alguna vez tuviste interés en los deportes, las ciencias, la música o la actuación, pero lo dejaste a un lado porque creíste que no eras bueno en eso, cuando en realidad no lo intentaste lo suficiente.

Tu entorno influye mucho en lo que piensas de ti mismo

Mucho de lo que pensamos de nosotros mismos, no solo proviene de eventos que nos hayan marcado en el pasado; también son debido a las creencias y comportamientos que observamos en las personas con las que crecimos y que están en nuestro entorno.

Si por ejemplo, crees que ahora eres demasiado viejo para hacer cierta actividad o emprender algo nuevo, posiblemente eso es algo que aprendiste de tu entorno. Y como lo piensas así entonces te convencerás a ti mismo de que eso no es posible para ti y te comportarás como crees que se comporta una persona de tu edad.

Si constantemente te dices a ti mismo que eres una persona impuntual, desordenada o floja, entonces esos pensamientos serán como órdenes para tu subconsciente y actuarás acorde a ellos.

Todas tus acciones coinciden con tu sistema de creencias, y lo que piensas y te dices a ti mismo configura en gran medida dichas creencias.

[Artículo recomendado 1: ¿Por qué hago lo que hago? La respuesta aun vida condicionada]

[Artículo recomendado 2: Cómo cambiar tus creencias para mejorar tu vida]

Eleva tus criterios y cuida lo que te dices a ti mismo

Mejorar nuestra vida es posible, y la manera más rápida de lograrlo es elevar nuestros estándares y expectativas personales por lo más alto, de tal manera que generes dentro de ti una convicción y una fe inquebrantable sobre cualquier cosa que necesites o quieras hacer.

Si quieres cambiar tus conductas comienza cuidando lo que piensas, dices y crees de ti mismo, porque aunque no lo creas, todos los pensamientos y palabras tienen un efecto profundo en tu manera de ser y de actuar.

Si cambias lo que te dices frecuentemente, comenzarás a mejorar tu autoconcepto y tu autoimagen, y esto traerá cambios en la manera en cómo te percibes y te sientes al desenvolverte en el mundo.

Cuando te sientes bien contigo, tienes confianza y seguridad, y esto se transmite en tu manera de actuar y en aquello que te atreves a intentar.

Así que ya lo sabes, cuida lo que piensas y lo que te dices a ti mismo, porque esto configura tus creencias, tus convicciones, tus acciones y con ello se define tu futuro.

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Ahora cuéntame ¿Conocías la importancia de cuidar lo que piensas y te dices a ti mismo? ¿Acostumbras hacerlo? Nos leemos en los comentarios, y si te ha gustado te invito a que lo compartas con tus amigos. Al hacerlo me ayudas a crear más contenidos como este y te estaré muy agradecido. 🙂

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2 comentarios

  1. Excelente artículo Maurino, muchas gracias. Totalmente de acuerdo. Somos lo que pensamos de nosotros mismos. Actualmente revisando las creencias que me están limitando y reprogramandolas por unas más positivas. No ha sido fácil pero estoy disfrutado este proceso.

    Saludos, cuídate.

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