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Si “algo” quieres, “algo” te cuesta

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Si algo quieres algo te cuesta

Todo lo que quieras tiene un precio que debes pagar, y no necesariamente será con dinero. Si algo quieres, algo te cuesta. Puede ser tiempo, salud, atención, dolor físico o emocional, experiencias y momentos de tu vida que, si los dejas pasar, no se repetirán jamás…

Cada decisión que tomas, sea simple o compleja, importante o aparentemente intrascendente en tu vida, tiene un resultado que se traduce en un costo, a corto, mediano o largo plazo ¡Todo cuesta! Esto es algo que muchas personas ignoran, y las que lo saben, lo prefieren omitir. Sin embargo, el hecho de que ignores algo, no implica que deje de existir o de influir en tu vida.

Hay quienes, aunque sean conscientes de las malas consecuencias de sus actos, aun así, se quejan cuando suceden. También están aquellos que quieren algo, pero no están dispuestos a hacer nada para obtenerlo. Esperan que las bondades y los beneficios toquen su puerta sin poner ni un poco de su parte.

Hay personas que NO quieren trabajar. Y piensan que la vida es muy injusta con ellos, por tener que levantarse cada día a “sacrificarse” y esforzarse para poder vivir. Todas esas personas aún no comprenden cómo funciona la vida; cómo trabaja el equilibrio universal de prosperidad y verdadera abundancia.

No todos los costos vienen en forma de dinero

Nos guste o no, todo tiene un precio que es necesario cubrir; una “cuota” que debes pagar a cambio de lo que quieres y obtienes.

A veces, tal pago viene disfrazado tan bien, que llega a ser irreconocible o imperceptible a simple vista. Puedes recibir un beneficio o una ventaja, y creer que se trata de algo gratuito, o que no tiene ningún precio. Sin embargo, todo tiene un costo implícito que vas a pagar, aunque no siempre sea dinero.

Lo que quieres (y lo que haces), siempre te va costar. Puede ser tiempo, salud, concentración, tristeza, preocupación, decepción, arrepentimiento, etc. No todos los costos en la vida se pagan con billetes y monedas, y muchos resultan ser demasiado caros. Entender esto y aplicarlo en tus decisiones, es clave para que logres tener éxito y felicidad verdaderos.

Si algo quieres, debes hacer méritos

No puedes esperar recibir sin dar nada de tu parte. La naturaleza no funciona de esa forma. No esperas beneficios sin retribuir de alguna manera. El universo trabaja con el equilibrio.

Si lo observas bien, todas las especies del planeta hacen lo que corresponde para recibir lo que quieren y necesitan. Los animales y las plantas saben, de manera innata que, para obtener comida, refugio o pareja, es necesario dar, o poner “algo” de su parte, para recibirlo. Solo así preservan el equilibrio natural, en donde todas las partes implicadas ganan.

Si algo quieres no hay ninguna razón que respalde la idea de recibirlo gratis. No hay ninguna ley que diga que, al nacer, eres merecedor de cualquier cosa solo por el simple hecho de existir y desearlo. Si quieres «algo», debes hacer méritos suficientes para obtenerlo. Debes ganártelo; así funciona la vida.

El esfuerzo, el trabajo, la capacidad de adaptación, la canalización de tu energía y la concentración en un objetivo meritorio, es la manera como la vida se abre paso a través de las variadas especies y por generaciones.

[Artículo recomendado: La mentalidad del todo gratis – Lo que necesitas para vivir en carencia, penuria y miseria]

La verdadera ley de abundancia

Muchas personas desean tener una vida abundante, llena de placeres, comodidades y riquezas. Sin embargo, muy pocos son los que están dispuestos a dar de sí mismos «algo» a cambio, que logre ser equivalente, o incluso mayor, que lo que desean.

Debes dar de ti si quieres recibir en consecuencia.

Piensa que cuando recibes «algo», ese «algo» se “sustrae” de alguna parte para que lo recibas y te beneficies. Además, en este universo, nada surge de la nada; alguien se encarga de hacer el trabajo para que llegue a tus manos. Por lo tanto, es tu deber aportar el equivalente para conservar un equilibrio y propiciar abundancia para ambas partes. 

Por ejemplo, cuando recibes un servicio de algún tipo, es porque una persona o un grupo de personas, pusieron su energía, tiempo, dinero, dedicación, enfoque y conocimientos a tu disposición, para complacerte, darte comodidad, claridad o satisfacción y ser beneficiado. Es normal (y esperado) que tales personas reciban “algo” de tu parte, en compensación por su trabajo, empeño y esfuerzo ¿No te parece?

Del mismo modo, si recibes un producto, sin importar qué, quiere decir que varias materias primas fueron extraídas de la naturaleza, procesadas, transformadas y ensambladas (por una mano de obra) para convertirlas en algo mejor o diferente. De esta forma, tal producto puede llegar a tus manos, funcional, con un nivel de calidad adecuado y que cumple un propósito definido.

Como puedes ver, lo que recibes, ya sea un producto o un servicio, siempre va a salir de alguna parte. En este universo no hay forma de que tal “regla” no se cumpla.

Es por eso que, siempre que recibas, debes estar dispuesto a dar su equivalente monetario y pagarlo con gusto, ya qué:

Así como das, así recibirás.

Maurino ¿Y si pago el costo y no recibo nada?

Dar para recibir no es una ley inquebrantable de la naturaleza. A veces puedes dar, o pagar el precio, y no recibir nada a cambio. Del mismo modo, a veces no hacemos nada y recibimos mucho sin merecerlo.

Sin embargo, esto no debe detener tus intenciones ni mucho menos afligirte. Cuando das, sea tiempo, energía, dinero, esfuerzo, o cualquier otra “cosa” a cambio, tus posibilidades de recibir en consecuencia se incrementan enormemente.

Debes hacer méritos para ser merecedor. Y aunque la “recompensa” no sea 100% segura, si no das, o no pagas el costo, será muy poco probable que obtengas el beneficio o la ventaja que deseas.

Cuando das, aumentas tus posibilidades de recibir. Y entre más das (o haces) más probable es que recibas lo que esperas. Por tanto, siempre debes estar dispuesto a dar antes de esperar recibir.

¿Qué pasa cuando algo no me cuesta, o cuando no pago el costo de lo que recibo?

Recibir sin esfuerzo a veces sucede. Como cuando recibes una herencia o tus padres te regalan tu primer auto. Sin embargo, debes tener mucho cuidado aquí, ya que, lo que no suele costar trae consecuencias, o costos ocultos, para quien recibe, en especial cuando carece de la educación, preparación y mentalidad adecuada.

Cuando una persona obtiene algo que no le cuesta, generalmente ocurre unos o varios de los puntos siguientes:

  1. No lo valora: No conoce el precio (en tiempo, energía y esfuerzo) que costó obtener lo que recibe. Y por eso, suele mal valorar o maltratar aquello que obtiene.
  2. No está preparado para manejarlo. Como es el caso de una empresa o negocio que pasa a manos de los hijos o los nietos, y al poco tiempo se van a la quiebra.
  3. En caso de perderlo, no sabe reproducirlo u obtenerlo nuevamente por sus propios medios. No tiene los conocimientos, lecciones, ni la experiencia que se requirió para “levantarlo”, comprarlo o crearlo desde cero.
  4. Lo que recibe, puede que NO sea algo valioso que impacte su vida significativamente, o que carezca de un nivel de calidad adecuado. Lo que cuesta poco, es gratuito, o es fácil de hacer, suele ser mal valorado (en el caso de servicios vendidos) o carece de un valor y calidad significativa (en el caso de productos y servicios recibidos).
  5. Tiende a “esfumarse” fácilmente: Cuando algo no cuesta, por lo general no se valora ni se sabe “manejar”. Por lo tanto, su tendencia es “desaparecer” de las manos de quien lo posee.

Hay un dicho que dice: “Lo que fácil llega, fácil se va”, y creo que aplica muy bien en este caso. Es bastante conocido que la mayoría de personas que ganan la lotería, tienden a quedar en la misma situación (o a veces peor) a los pocos años.

La razón es sencilla; no carecen de la mentalidad, la educación, los conocimientos ni experiencia adecuada que les permita mantener su riqueza (monetaria), o incluso incrementarla.

Por eso debes olvidarte de la idea de recibir beneficios sin esfuerzo. No pienses en eso; es algo que no te sirve ni te ayuda. Solo gastarás tu tiempo, enfoque y energía en perseguir algo que es poco probable que cambie o mejore tu vida de manera significativa. Lo que no cuesta NO suele valer demasiado (en la mayoría de casos).

Paga el costo con gusto

A partir de ahora, debes estar dispuesto a dar para recibir. A pagar con gusto el costo de las cosas. Sabiendo que lo que recibes, es enteramente tuyo y bien merecido.

Debes encarar la vida con la mentalidad de un verdadero ganador. Aquel que se hace a sí mismo por el tremendo valor que aporta y entrega al mundo.

Asegúrate de que todos ganen a tu paso, y paga el precio de cada cosa, sin quejas ni reproches. Si lo haces, muy pronto comenzarás a percibir bondades en todos los ámbitos y de todas las formas que la vida tiene para ofrecerte.

[Artículo recomendado: No esperes nada de nadie, solo da y sigue avanzando]

◊♦◊

Ahora cuéntame ¿Qué opinas? ¿Eres de aquellas personas que saben lo que quieren y están dispuestas a pagar el costo de sus deseos con creces? ¿O eres de los que esperan recibir sin poner nada de su parte? Te leo en los comentarios. Además, si te ha gustado, te invito a compartirlo con tus amigos. Al hacerlo, me ayudas a seguir entregándote más contenidos como este y te estaré muy agradecido.

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Un comentario

  1. Buenas tardes, más acertado…!imposible! el correo me llegó en el momento en que estoy trabajando sobre las Leyes del Universo y su manera de operar por medio del intercambio entre las dos semillas: “dar” y “recibir”, diferentes pero con un mismo objetivo. Son parte de un mismo proceso, el continuo fluir de la energía de la Vida… como el Infinito, sin principio ni final. Solo una pequeña observación, (si estoy errada, me disculpo), en la pregunta sobre lo que pasa cuando algo no nos cuesta, o cuando no pagamos el costo de lo que recibimos, en la explicación en el penúltimo párrafo, colocan la palabra no, pero la razón es realmente la carencia de esos elementos (mentalidad. educación, conocimiento y experiencia). De resto, un post excelente desde todo punto de vista.
    Atentamente,
    Ylda M. Laforest Ch.